ARRIETY Y EL MUNDO DE LOS DIMINUTOS, de Hiromasa Yonebayashi‏

Existen dos clases de películas del Estudio Ghibli. Las de Miyazaki, y las de cualquier otro. "Arriety y el mundo de los diminutos" pertecene más bien al segundo grupo. Hiromasa Yonebayashi, veterano animador del estudio, que se estrena cómo director con esta película, mientras que el guión corre a cargo de Keiko Niwa (que ya trabajo cómo guionista en otro filme del estudio, "Cuentos de Terramar") a medias con Miyazaki. Cómo suele pasar con estas producciones que no son cien por cien Miyazaki, muchas de las virtudes del maestro pueden apreciarse en sus discípulos. Los ambientes rurales idílicos, los personajes con los que te identificas inmediatamente, la inpresionante atención al detalle y una banda sonora tan o más emotiva que la propia película son marcas de la casa. En esta ocasión debo decir que la premisa de la historia no me llamaba particularmente la atención, pero la recreación de un mundo cotidiano pero que para los protagonistas es inmenso, un tema ya muy visto, está llevado a cabo con gran imaginación y unos planos que transmiten a la perfección lo intimidante que es el mundo para estos seres diminutos.
Sin embargo, siempre hay algo que se queda corto. Yonebayashi se ciñe tanto al "manual" de cómo hacer una película Ghibli que la cinta parece una imitación. Una imitación muy buena, pero una imitación al fin y al cabo. Al que ya haya visto toda la filmografía de Miyazaki, cómo es mi caso, poco le quedará aquí que descubrir. Los personajes son entreñables pero son versiones de personajes ya vistos en películas anteriores. Al no salirse ni un milímetro del camino marcado Yonebayashi ha firmado una cinta técnicamente impecable, pero algo falta de personalidad propia.
Es curioso que Takahata y Miyazaki, los dos mandamases del estudio, llevaban pensando en adaptar el libro de Nary Norton (qué ya dio lugar a una serie de dibujos animados en los ochenta, "Los diminutos") desde hace cuarenta años, para al final dejar la adaptación en manos de un subalterno. Da la impresión de que en cierto modo no acabaron de confiar en el proyecto, que ha terminado resultando un poco más infantil de lo que suelen ser incluso la películas más "para niños" del estudio, cómo la ya clásica "Mi vecino Totoro" o la reciente "Ponyo en el acantilado".
Todo eso no quita que esta sea una película preciosa, digna de ver en el cine, que se queda sólo a un paso de las obras del genio. Si no fuese porque la comparación es casi obligada, sería difícil encontrarle algo criticable.

Veredicto:8 Casi tan buena cómo una película de Miyazaki, pero solo casi.

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