EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, de Rupert Wyatt‏

Aviso de que hay algunos spoilers de las primeras escenas de la película en esta crítica. Siguiendo con mi ciclo de películas que no me han gustado, llego a esta, que sí le ha gustado a en general a todo el mundo. Será que tengo un mes malo, pero yo le he visto tantas incongruencias al guión que no he terminado de disfrutarla  a pesar de sus aciertos (que los tiene). La película empieza con una trepidante persecución en la que atrapan a un chimpancé a todas luces infográficos. Cualquier que haya pillado a medias un documental de La 2 alguna vez en su vida se dará cuenta, a pesar de lo bien hechos que están, de que no se mueven cómo chimpances, sino más bien cómo Spiderman. Pero bueno, reconozco que me estoy poniendo puntilloso. Luego la chimpancé en cuestión es sometida a experimentos que potencian su inteligencia. James Franco interpreta a un joven científico que está investigando medicamentos para el Alzheimer porque (ejem*topicazo*ejem) su padre padece dicha enfermedad. El medicamento, muy oportunamente, es un virus. Nuestra chimpancé demuestra que no solo está superando su enfermedad, sino que está mejorando su inteligencia. La chimpancé se convierte en la superestrella del laboratorio. De pronto, sin venir al caso, la chimpancé se pone rabiosa y empieza a atravesar todo los cristales que encuentra a su paso (en esta película atravesar cristales es la afición número uno entre los chimpancés). Su frenesí la lleva a irrumpir en una reunión de accionistas, donde es abatida por un guardia de seguridad de gatillo fácil. Sí, en ese laboratorio lleno de chimpancés nadie ha oído hablar de los dardos tranquilizantes. Aunque claro, teniendo en cuenta que la mona se mueve cómo una ninja, de poco habría servido. Por supuesto, los accionistas, indignados (con los guionistas, seguramente), deciden dejar de financiar el proyecto. Pero (¡sorpresa!) la chimpancé estaba embarazada, y había escondido a su bebé bajo su cama. Uno de los científicos aclara que la chimpancé no se había vuelto loca, simplemente quería proteger a su bebé. Lo cual me deja con tres preguntas sin respuesta: la más evidente: ¿Cómo se les ha podido pasar por alto a la horda de científicos que se pasaban el día haciendo pruebas a la chimpancé que estaba embarazada? Y no menos acuciante: ¿Si quería proteger al bebé que tiene en su celda, porque ha atravesado todo el edificio atacando a gente al azar, en lugar de quedarse junto al bebé en cuestión? Y tal vez un poco menos importante: ¡¿De verdad las celdas de los chimpancés tienen camas?! :O
No puedo seguir así mucho más si n contaros toda la película, pero el nivel de incongruencia no desciende, y yo una vez he encontrado un error de bulto ya no dejo de buscarlos. Y esta película es un auténtico festival de pequeñas cosas que no cuadran. Lo cual es una lástima, porque con sus defectos, lo cierto es que la película logra transmitirte los sentimientos de César, nuestro simio protagonista, interpretado por el siempre genial Andy Serkis, que consigue que el dichoso animal sea con diferencia el mejor actor de la película. Y ese es el punto fuerte de la película que consigue crear algunas escenas bastante emotivas cuando César tiene que valerse sólo para conseguir su libertad. Además aporta algunas secuencias de acción bastante entretenidas con los supersimios que, más que súperinteligencia parecen tener súperpoderes. Se mueven más rápido de lo que serían razonable, atraviesan cristales por doquier sin hacerse ni un rasguño, saltan desde cuartos piso y caen de pié, vuelven a atravesar más cristales (en serio, no pueden pasar por un cristal que haya roto uno de sus congéneres, tienen que romper cada uno el suyo) y saltan distancias absurdas (incluso el gorila).  Con todo eso, al final, casi en los créditos (en serio, no es una forma de hablar) se acuerdan de qué se suponía que iba a ir la película te explican porqué los simios lograron conquistar la tierra. Y mira, esa explicación si que tiene sentido. Tendrían que haber empezado por ahí.



Veredicto: 6 Entretenida a pesar del millar de errores de sentido común en el guión.

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