YO, CLAUDIO de Robert Graves

Puede que hace unos meses leyerais en este mismo blog mi entusiasta crítica de "El conde Belisario". Ese entusiasmo dió lugar al habitual rastreo de las estanterías de amigos y parientes en busca de más obras de ese gigante de la novela histórica que es Robert Graves. Encontré en casa de mi padre una destartalada edición de bolsillo de "Yo, Claudio" y su segunda parte "Claudio, el Dios, y su esposa Mesalina" publicadas en el 79, probablemente coincidiendo con la emisión en España de la famosa serie de la BBC que adaptaba ambas novelas. Pues bien, a pesar de que el amarillento libro se me deshacía en las manos, mi entusiasmo no ha sido menor en esta ocasión al emprender la lectura de la primera de las dos.
Robert Graves nos narra, basándose en textos recién descubiertos cuando se escribió la novela (en el 1934)  escritos por el propio emperador Claudio. Escrita cómo supuesta autobiografía de Claudio, es en realidad un repaso a varias décadas de historia de Roma, desde los últimos de gobierno del emperador (y luego Dios) Augusto, seguido del reinado del crecientemente paranoico Tiberio y luego del loco Calígula, terminando con el nombramiento del propio Claudio (cojo, tartamudo y considerado por gran parte de su familia un imbecil), contra su voluntad y para sorpresa de todos menos del lector. La maravilla del estilo de Robert Graves es que en sólo quinientas páginas no se limita a dar un repaso a esos años o se centra en unos pocos personajes para hacerlo más manejable. Nada de eso, coge a un reparto de, fácilmente, más de cien personajes, y te cuenta absolutamente todo lo que merece la pena saber sobre ellos, con una claridad de narración incomparable  y asegurándose siempre de que recuerdas quién es cada personaje, resumiendo si es necesario en una frase qué es lo que te ha contado ya de él si hace muchas páginas que no aparecía. Ese estilo tan denso, con el que te cuenta en cien páginas lo que otro autor te contaría en una trilogía, sería a buen seguro un aburrimiento total en manos de práctiecamente cualquiera, pero el británico sabe contagiarte su pasión por aquellos hechos y devoras las páginas mientras se suceden las conspiraciones, los asesinatos de toda clase, los romances y los matrimonios por política, las batallas épicas y las ridículas. (He dicho ya qué calígula estaba loco? Luchó una batalla contra Neptuno, haciendo disparar a los arqueros y las máquinas de guerra contra el mar, en incluso ordenando cargar a la caballería, seguida de la infantería. Recogió las conchas de la playa cómo botín y se declaró victorioso.) En definitiva, estoy deseando ponerme con la continuación, y seguiré rastreando las estanterías de amigos y conocidos en busca de más de lo mismo.


Veredicto: 9, no he destripado ningún animal para saberlo, pero auguro que leeré muchos más libros de Robert Graves.

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