GUERRA Y PAZ, de Lev Tolstói


Cuando empecé a leer "Guerra y Paz" iba pensando qué escribiría en este blog sobre el libro. ¿Qué es más pedante, decir que es una obra maestra o decir que no te ha gustado? ¿O simplemente escribir un comentario sobre este libro a estas alturas ya es insufriblemente pedante, digas lo que digas? Pero bueno, he comentado aquí todos los libros que he leído este año, y no iba a hacer una excepción con este.
Cómo hago demasiado a menudo en este blog, tengo que empezar por las expectativas que uno tiene cuando va a leerse un libro de este calibre. Por una parte es considerado cómo una obra maestra. La cumbre de la literatura rusa, incluso de la universal. Por otra, tiene una firme reputación de ser un tostonazo insoportable; uno de los libros más aburridos de todos los tiempos. Cómo pueden ser ciertas ambas cosas? Cuando a uno le ponen delante un libro de mil setecientas páginas, la mera mención de la palabra "aburrido" bastará para hacer huir a muchos cómo alma que lleva el diablo. Sin embargo, mi recién adquirida afición a la novela histórica me ha llevado a oír nombrar muchas veces "Guerra y paz" cómo una de las mejores novelas del género. Además se daba la circunstancia de que mi padre lo tenía en casa, lo cual me ahorraba unos euros que bien podrían haber bastado para disuadirme.

Las primeras páginas de guerra y paz me intimidaron un poco, por una serie de factores, en realidad, bastante ajenos a Tolstói: Primero, la novela presenta en muy pocas páginas a un montón de personajes, sin que quede muy claro en un primer momento quién es el protagonista. Eso unido a que los nombres rusos no se le quedan a uno a la primera en la memoria, puede resultar en la confusión total del lector. El segundo factor es una decisión del editor del tomo que tenía en mis manos (de Mario Muchnick Ediciones) que deja todos los diálogos que en el original están  en francés en ese idioma, y pone todas las traducciones en un epílogo al final del libro (en lugar de a pié de página, que habría sido mucho más cómodo. Teniendo en cuenta que los nobles rusos de la época de Napoleón, al parecer, usaban cotidianamente el francés, eso implica que si no conoces el idioma te pasas el rato pasando del texto al apéndice de un volumen de 1900 páginas, que aunque es de lo más robusto y resistente, no es muy manejable, que digamos.

Sin embargo, pasadas las primeras 200 páginas el número de textos en francés se vuelve más esporádico y empiezas a tener claro que de la miríada de personajes de la novela, sólo tienes que preocuparte de tres familias (los Bolkonski, los Rostov y los Bezújov) y la cosa se vuelve mucho más fácil de digerir. Sigue teniendo sus contras, pero vas descubriendo lo que ha convertido esta novela en un clásico. La caracterización de personajes es realmente asombrosa, y poco apoco vas conociendo a los personajes cómo si fueran de verdad, con sus virtudes y defectos y sus contradicciones descritas con un nivel de detalle que ninguna novela que me venga a la cabeza puede igualar. Tolstói nunca intenta que un personaje de guste o te caiga mal, sólo te describe su forma de pensar y la forma en que justifica sus acciones de una forma tan sentida, tan creíble, que en cierto modo tienes que acabar simpatizando con todos ellos, comprendiendo las decisiones que toman por egoístas que puedan parecer a quienes los rodean. Tolstói fue una gran defensor de un cristianismo no basado en los dogmas religiosos, sino el el amor al prójimo, y de una forma muy sutil te inculca la idea de que todo el mundo merece ser amado si te molestas en entender sus motivos. Por mucho que pueda parecer una creencia ingenua resumida de esta forma, Tolstói logra hacer que, al menos mientras estás leyendo, creas en ella.

Y es cierto que es un tostonazo, no hay duda, el bueno de Lev se desvía constantemente de los personajes principales. Interrumpe la narración para exponer sus ideas sobre historia de Rusia o sobre religión. Repite hasta la saciedad, y con multitud de ejemplos la siguiente idea: los grandes personajes históricos cómo Napoleón o Alejandro I de Rusia no son en realidad quienes mueven a las grandes masas de personas, sino que más bien una gran acumulación de pequeños acontecimientos lo que obliga a estos a tomar las decisiones que toman, y que incluso las decisiones que toman a menudo tienen poco o ningún impacto sobre los acontecimientos. De ahí se deduce que en realidad los historiadores "modernos" (de su época, vamos) no quieren considerar a Dios cómo un motor de los hechos históricos, pero que en realidad no han encontrado una explicación mejor que esa. Que intentan demostrar que la historia ocurrió de tal manera por tal causa o tal otra, mencionando el genio o la grandeza de Napoleón, o de cualquier otro, pero que en realidad esas explicaciones sólo funcionan a posteriori, para explicar hechos que ya han ocurrido pero que nadie en su momento fue capaz de prever. Esas explicaciones, nos dice Tolstói son a menudo absurdas y se dan por buenas sólo para no admitir que no se conoce la respuesta. La respuesta, aunque Tólstói mismo duda en mencionarlo claramente, porque quiere que seamos nosotros los que lleguemos a esa conclusión, es que Dios debe mover realmente los hilos y que los Napoleones de las historia sólo surge para hacer que ocurra lo que debe ocurrir. Os estoy aburriendo? Pues Tolstoi se detiene a hacer digresiones de este tipo cada pocos capítulos, contradice las conclusiones de los historiadores sobre la invasión de Rusia por Napoleón y divaga de forma más inconcreta sobre religión.

Otro argumento que se puede usar a favor y en contra, según las preferencias de cada uno, es que, cómo bien  aclara el título, la novela nos narra, por una parte, una novela de corte bélico, de la vida en el frente y las grandes batallas con cientos de miles de hombres implicados y por otra, la vida en las cortes de Moscú y San Petersburgo. Y es que mientras unos se jugaban la vida en Austria para intentar pararle los pies a Napoleón, otros estaban viviendo una vida de lujo sin pensar si quiera que la guerra podría alcanzarles un día. Incluso cuando Moscú es pasto de las llamas, la nobleza peterburguesa continua con sus fiestas, bailes y recepciones, preocupándose antes de arreglar un matrimonio de conveniencia que del avance de las tropas napoleónicas. Es muy posible que el lector que disfrute de la genial narración de la batalla de Austerlitz, se aburra mortalmente con los sueños de boda de la joven condesa Natasha o la pequeña Elena. Y viceversa, a las fans de Jane Austin les apasionará problablemente saber si Natasha se casará finalmente con el príncipe Andrei Nolkonski o si por el contrario se fugará con el canalla de Anatole Kuraguin, pero les aburrirá soberanamente la descripción de la batalla de Borodinó, dónde ninguno de los planes de batalla de Napoleón llegó a cumplirse, y aun así se atribuyó la victoria al genio del francés.

En definitiva es una gran novela, pero quiere cubrir tanto que es difícil que un lector cualquiera no encuentre sumamente aburrida alguna de sus numerosas vertientes.

Veredicto: 9 Pero si esta reseña te ha parecido demasiado larga y has saltado directamente a las conclusiones, puede que este no sea tu libro.




Comentarios

  1. hola! acabo de leer guerra y paz y me gusta el análisis que has hecho.
    muy bueno el blog
    saludos!!

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  2. Me alegro de que te haya gustado, Airin. grácias por el comentario. :)

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